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viernes, 18 de julio de 2014

Pablo Iglesias, ETA y Venezuela (II)

La fundación de Iglesias ha sido acusada de recibir contraprestaciones del Gobierno venezolano por servicios de asesoría, señalando a dicho régimen como financiador del entramado político-institucional que rodea al equipo de Iglesias. Ante esto, el eurodiputado denuncia la hipocresía de quienes le acusan, pues dichos servicios son legales y nunca se ha aconsejado la represión. Además, insiste en que hasta el propio Gobierno español ha vendido armas a Venezuela, y que en ningún momento ha defendido la aplicación del sistema bolivariano en España.

No obstante, a pesar de las justificaciones esgrimidas, una entrevista en la televisión venezolana y declaraciones en su programa contradicen y ponen en evidencia sus explicaciones. En dichas intervenciones Iglesias alaba a Hugo Chávez, sus enseñanzas y el carácter invencible que representa para sus enemigos después de muerto. El eurodiputado lo ensalza como gran demócrata y señala el momento de su fallecimiento como día de luto para quienes aman la democracia. En este sentido, Iglesias muestra a Venezuela como modelo a seguir para el sur de Europa, ejemplo de que se puede recuperar la soberanía y hacer las cosas de otra manera.

Además, presenta a España como un país desolado donde élites económicas controlan los medios de comunicación e impiden que la información esté al servicio del pueblo. Resulta curioso como Iglesias critica ferozmente el sistema televisivo que le ha catapultado a la fama y permite ejercer su derecho de expresión. Paradójicamente, ataca el sistema que le reconoce el derecho a concurrir en unas elecciones con un programa electoral contrario al Gobierno y ejercer la libertad de cátedra. Aunque le pese, la sociedad española cuenta con diversidad de medios informativos reflejo del pluralismo existente, unos medios de ética dudosa pero libres y plurales.

La democracia no existe en el régimen bolivariano, un sistema represivo cuyo sistema electoral y de recuento es manifiestamente perverso y donde los medios de comunicación no afines a la política gubernamental son víctimas de una campaña que persigue el monopolio de la información, manipulándola y distorsionándola a su voluntad. Con la falsa excusa de proteger al pueblo, se criminaliza la protesta y todos los resortes del Estado se orientan hacia la perpetuación del sistema bolivariano. Todo ello mientras las políticas económicas del Gobierno y el dominio de sus élites sumergen en la pobreza y el desabastecimiento a Venezuela.

Pablo Iglesias no es terrorista pero simpatiza con el entorno proetarra, abertzale y borroka, formando parte del sector social que pretende instaurar un régimen pseudocomunista en España. Por último, Iglesias representa a la población joven nacida en democracia que arrastra los prejuicios de una guerra que no sufrió. Frente a la conveniencia del espíritu de reconciliación nacional y tolerancia, le domina un sentimiento revanchista y la necesidad de instaurar un sistema traumático en toda época y lugar.



lunes, 26 de mayo de 2014

Segunda Transición Española (II)

Los políticos deben tener cierto nivel cultural y demostrar su capacidad para vivir autónomamente,
pretendiéndose neutralizar el enchufismo y la mediocridad. El político no sólo debe instruirse, sino también ser virtuoso y honrado; en este sentido, la transparencia debería reconocerse explícitamente en el eventual texto constitucional. Todo ello acompañado de una legislación que dificulte la corrupción, publicándose periódicamente y con auténtico detalle lo recaudado e invertido por las diferentes administraciones públicas.

También debe abordarse la reformulación o supresión del Senado, cámara territorial desvirtuada y sin utilidad práctica, pues los conflictos que debe conocer son resueltos en el Congreso, representativo de la voluntad de los españoles. Si se sigue apostando por la descentralización es imprescindible revitalizar el Senado, permitiéndole ejercer en la práctica las competencias que constitucionalmente le corresponden. Los nacionalistas deberán plantear sus conflictos en dicha cámara, evitando el chantaje a costa de la estabilidad gubernamental o la propia existencia de la nación. Para lograrlo, la eventual Constitución debe pronunciarse sobre el reparto competencial de ambas cámaras, de manera que una distribución clara y constitucionalmente prevista impida dejar en papel mojado estas ideas. En este sentido, reformar la LOREG debería asegurar una “representación auténticamente representativa”, evitando la sobre-representación.

La Monarquía se encuentra en decadencia, no contando con el respaldo de la mayoría de los españoles. Es un hecho objetivo y estadísticamente demostrado que la monarquía es la institución peor valorada, no sólo por la izquierda, sino también por un sector creciente de la derecha. Los motivos de esta situación residen tanto en las propias corruptelas de la familia real como en el distanciamiento ciudadano, especialmente de los jóvenes, que no se sienten representados por un monarca que no votaron. Tarde o temprano deberá convocarse un referéndum donde la ciudadanía manifieste si aboga por una república; no obstante, la desaparición de la monarquía tendría consecuencias que pocos comprenden plenamente.

La III República Española no debería ser patrimonio de ideología alguna, ni propiedad del sectarismo político. Debería ser la república de todos los españoles, independientemente de su ideología o creencia. Su presidente debería velar por la unidad de la Nación, aglutinarla bajo un mismo horizonte futuro para crecer en fortaleza y determinación. El proyecto fracasará si el jefe del Estado obra velando por un determinado electorado o intereses partidistas, si no existe mentalidad de Estado. El nuevo sistema no debería servir como arma arrojadiza de división entre ciudadanos, ni tampoco ser utilizado para tergiversar la Historia. Sobre las futuras generaciones no debe recaer la carga de reavivar un conflicto civil, ni tampoco heredar la división genética entre “rojos y fachas”.

Lo expuesto anteriormente debe ser meditado y debatido en profundidad. En este sentido, la forma de Estado no garantiza el bienestar ciudadano, no contraponiéndose monarquía y progreso, y existiendo otras acuciantes prioridades. Además, este proyecto republicano es imposible sin el liderazgo de políticos con vocación de Estado, inexistentes en el panorama político español, por lo que emprender el cambio en las condiciones actuales es garantía de fracaso. Definitivamente, en España aún no existe una mentalidad nacional que asegure el éxito en la instauración del sistema republicano. En cualquier caso, la Monarquía debe ser reformulada y saneada, lo cual pasa por la abdicación del monarca.

domingo, 18 de agosto de 2013

"Los Miserables", de Víctor Hugo

Este artículo nace como reflexión sobre el contenido de cierta novela publicada en 1862 bajo el título de
“Los Miserables”, escrita por Víctor Hugo. Cualquiera ha oído mencionar este escritor y la gran altura intelectual de sus obras; quien haya profundizado en su figura habrá comprobado su vocación política y las consecuencias derivadas de su compromiso ideológico, como el exilio. Definitivamente, Víctor Hugo fue un destacado intelectual del siglo XIX y uno de los personajes más ilustres de la Historia contemporánea de Francia y Occidente.

Todos le atribuyen elogios sin ni tan siquiera haber leído previamente cualquiera de sus obras. Sin embargo, tras la lectura de “Los Miserables” lo expuesto anteriormente no varía un ápice; de hecho, las virtudes expuestas son incapaces de abarcar en su totalidad la grandeza del autor y su obra. Existe un antes y un después tras la lectura de esta novela; quien considere la literatura un goce aprenderá lecciones vitales, emprenderá una revisión interna que le llevará a crecer intelectual y espiritualmente. En todos los sentidos, esta obra de arte constituye un gran alimento para el alma inquieta que busca respuestas en el torbellino de la realidad, bajo la incorruptibilidad y coherencia de los principios.

“Los Miserables” constituye un monumento de reflexión filosófica, política y religiosa. Para un ser humano ávido de conocimiento y debate, esta novela representa una explosión de crítica hacia los hombres, los sistemas políticos y las leyes; y de denuncia hacia la hipocresía e incoherencia social. Interiorizar esta obra literaria permite al lector detener el tiempo en el dinamismo y vorágine social, fijar la vista en los más desfavorecidos y encontrar un amplio abanico de personajes: héroes, villanos y mártires. Además, cada capítulo se encuentra plagado de reflexiones que permiten navegar en el océano de los sentimientos más sublimes.

Víctor Hugo sitúa al lector en el contexto histórico del momento, impartiendo una magistral clase de Historia contemporánea y mostrando los defectos de la primera formulación del Estado liberal, testigo de la agonía del absolutismo. Durante el s.XVIII la monarquía absolutista frenó el avance del comercio y la economía; la seguridad que proporcionaba frente al feudalismo había pasado a mejor vida. Además, las aspiraciones de la burguesía pujante confrontaron con los estrictos controles y requisas estatales. La Ilustración y los precedentes históricos, combinados con el malestar social y la estrategia burguesa, constituyeron el caldo de cultivo para las dos grandes revoluciones del s.XVIII.

En un primer momento, los derechos y libertades eran efectivos únicamente para cierta minoría privilegiada, siendo muestra de ello el sufragio censitario. La Constitución representaba un mero marco político, de carácter programático y vulnerable a reformas arbitrarias, debido a la inexistencia de mecanismos jurídicos de aplicación y estabilidad temporal. Víctor Hugo recoge las demandas de la clase media y popular, ilustra de forma sublime el camino a seguir para la consecución del Estado social y democrático. En su línea visionaria, el escritor demanda un Estado más comprometido con los desfavorecidos, que proteja a aquellos pilluelos huérfanos de París y garante de unas condiciones dignas para los obreros.

Ese modelo de convivencia tan sólo aparecerá como fruto de la evolución del Estado liberal, presionado por las demandas de la clase media y el movimiento obrero, siendo grandes rivales ideológicos el fascismo y el socialismo. Será después de las dos conflagraciones mundiales cuando las Constituciones adquirirán auténtico carácter vinculante y asegurarán la existencia del Estado democrático y social, donde se lucha frente a las desgarradoras escenas que Víctor Hugo describe. También merece la pena mencionar su discurso en la Conferencia de la Paz de 1849 en París, donde el intelectual apuesta por la unidad de Europa consagrándose como precursor de la Unión Europea.

La persecución del policía Javert sobre Juan Valjean representa uno de los debates más prolíficos del Derecho, y es la no necesaria coincidencia entre legalidad y justicia. Víctor Hugo muestra que el cumplimiento de la ley no siempre es sinónimo de justicia, que la obediencia ciega a los códigos obviando principios morales puede conducir a excesos. La situación filosófico-jurídica francesa del s.XIX es reflejada perfectamente, predominando el tenor literal de los textos legales y la prohibición de cualquier clase de interpretación judicial. En definitiva, intentar evitar la arbitrariedad condujo a la obediencia ciega de la ley y al olvido del derecho natural, error que permitió al Estado nazi cometer los excesos del Holocausto amparándose en la ley.

Como conclusión, debemos tener en cuenta que el Estado democrático no es definitivo, es susceptible de sufrir retrocesos, siendo por ello un continuo aprendizaje. En esta línea, los ciudadanos deben ser críticos con la actuación de sus representantes, concienciarse sobre la importancia de su voto y el sacrificio que ha supuesto alcanzar la democracia.

viernes, 26 de julio de 2013

La España del siglo XXI, primera parte.

El comienzo del siglo XXI está siendo desalentador, España continúa sumida en una crisis económica agravada por una errónea gestión. Los Gobiernos parecen incapaces de encontrar la fórmula del crecimiento, mientras el paro alcanza cotas elevadas y la pobreza generalizada aumenta. El modelo de convivencia social se tambalea; unión y solidaridad se difuminan mientras sectores ostracistas ocultan sus fracasos mediante falacias. Existe una corrupción institucionalizada, minadora de los pilares democráticos y del Estado de Derecho. Muchos jóvenes abandonan sus estudios, en un contexto donde la cultura brilla por su ausencia y la democracia es desvirtuada.

No obstante, nuestro país ha sufrido peores momentos históricos como la Guerra de Sucesión o la Guerra Civil. En este sentido, aún tenemos el privilegio de pertenecer al hemisferio rico del planeta, nunca antes se habían alcanzado semejantes niveles de alfabetización, renta per cápita y desarrollo. La crisis económica ha deteriorado esta situación, pero corresponde a los españoles asumir el reto que plantea el siglo XXI: la consolidación en esos campos. La nación aceptará ese difícil desafío, que requiere líneas de actuación claras, sin las cuales España está condenada al segundo plano de la escena internacional e incluso queda comprometida su propia existencia.

España necesita una reforma constitucional garantizadora de la separación de poderes, truncada a través de los artículos 122.3, 123.2 y 159.1 de la Constitución. La carta magna actual se adaptó a un marco histórico determinado; el poder y privilegios otorgados a los partidos políticos se ajustan al final del franquismo, asegurando su consolidación frente a un Estado con una experiencia democrática inexistente. Después de treinta y cinco años de democracia algunas prerrogativas políticas carecen de sentido real. Por ello es fundamental actualizar nuestra Constitución, permitiendo que los jueces elijan a los miembros del CGPJ, y velando por la independencia del Tribunal Constitucional, viciado por los intereses del bipartidismo.

Para situarnos entre las primeras democracias mundiales debemos abordar la existencia de España y su supervivencia. En este sentido la ley electoral, igualmente adaptada a un marco histórico caduco, favorece que partidos regionales obtengan una representación mayor que formaciones de ámbito nacional con una cantidad mayor de votantes. Como consecuencia, corrientes ideológicas minoritarias sirven como bisagra para la formación de gobiernos nacionales, existiendo contrapartidas que redundan en perjuicio de los intereses globales. Aunque el Senado se diseñó para la resolución de conflictos territoriales, dicha función la cumple el Congreso desvirtuando las funciones de la cámara alta.

Una de las riquezas de España es la pluralidad, presente durante toda su Historia, cuyo carácter aglutinador empezó a ser discutido por ciertos sectores burgueses a finales del s.XIX. Actualmente el nacionalismo se encuentra en auge favorecido por el diseño territorial del Estado, siendo competencia autonómica materias esenciales como la educación. Se ha permitido durante años que los nacionalistas eduquen varias generaciones de ciudadanos en el odio hacia España, un odio irracional basado en mitos y calumnias. Además, se ha llegado a un punto donde es más fácil culpar al Estado español y ser señor feudal autonómico que asumir responsabilidades políticas y ser referencia para el resto de España.

Evidentemente, necesitamos actualizar nuestra organización territorial. Desconociendo si conviene una mayor descentralización o una centralización, debe ser una reforma que impida la ruptura de España, no entorpezca el desarrollo económico ni favorezca el despilfarro, y mucho menos la corrupción. Además, debe solucionar definitivamente el asunto de la financiación autonómica; en este sentido, si pretendemos que España perdure más allá del siglo XXI debe revisarse la ley electoral, recuperar competencias esenciales y actualizar la organización territorial.

lunes, 16 de abril de 2012

El futuro de la Monarquía


El accidente del Rey ha sido el último de una serie de sucesos que parecen desde hace tiempo tener como objetivo el desprestigio de la Familia Real y la llegada de un sistema nuevo. La imputación de Urdangarín parecía ser el último de estos desafortunados incidentes pero no ha sido así; el accidente de Froilán por la negligencia de sus padres y el accidente del Rey mientras estaba de cacería en Botsuana han agravado y acentuado el debate sobre el papel de la institución.

La mayoría de los medios de comunicación han centrado el tema en la salud del monarca, restando importancia a que fuera a cazar animales protegidos o el gasto de 30.000€ que supone matar un elefante. Todo ello mientras España atraviesa una de las peores épocas económicas de su Historia; y donde parece que la desconfianza de los mercados sigue en aumento.

El acto del rey ha sido una incoherencia de sus actos sobre sus palabras; es decir, mientras afirma que el paro juvenil le quita el sueño, saca tiempo de su “apretada” agenda para dedicarse a semejante actividad de ocio como puede ser la caza; es respetable pero injustificable matar animales por simple diversión. Tampoco da buena imagen que la reina Sofía haya sido incapaz de visitar a su marido durante tres días; no obstante, ese debate corresponde a la telebasura, por lo que no le daremos mayor importancia.

No he escrito el artículo para centrarme en la cacería, que me parece un acto fuera de cualquier civismo; sino para analizar el papel de nuestro monarca y la actitud que debe tener el jefe de Estado de una monarquía parlamentaria.

El debate que se plantea va ganando fuerza; y es que cada vez más gente pide un referéndum para elegir entre monarquía o la constitución de una república. Inherente a esto, deberíamos preguntarnos si la instauración de la República mejoraría la situación del país, plantearnos si realmente compensaría el gasto que supone una monarquía; o si sería sano que el jefe de Estado pertenezca a un partido político. España no destaca por su unidad; cada uno lucha por sus intereses, por lo que sería injusto que la máxima institución representativa del Estado lo fuera para la mitad de los españoles.

El jefe de Estado debe ser símbolo de la unidad de los españoles, pero sobre todo debe corresponder las palabras con sus actos, cosa que el actual monarca parece haber olvidado. Juan Carlos de Borbón desempeñó un papel muy importante para traer la democracia a una España que llevaba un siglo entero de inestabilidad; no obstante, no se puede vivir de las rentas eternamente. Puede que haya llegado el momento de plantear el fin de ciclo de la monarquía en España.

De lo expuesto anteriormente, en su defecto, cabe que el rey ceda su puesto al Príncipe de Asturias. Puede que su obstinación en morir en el cargo sea inherente a la vitalicia condición de la Monarquía, o tal vez sea un intento por consolidar en el tiempo un sistema que hace agua por momentos. El único paso para la posible salvación de la Monarquía en nuestro país pasa por el nombramiento como rey de España a Felipe de Borbón; mientras permanezca su padre en la jefatura del Estado, la decadencia del sistema está garantizada.

Ser jefe de Estado supone responsabilidad y sensibilidad con respecto a la situación de la nación; extendiéndose este planteamiento a las demás instituciones gubernamentales, en especial a la casta política. Los dirigentes deben estar al servicio de España y no vinculados a intereses superfluos que contradigan los objetivos a los que aspira toda nación: unidad, prosperidad y democracia.

El monarca ideal no debe meterse en fangos políticos, ni tratar en diferentes términos al jefe del Gobierno y al líder de la oposición; no pudiendo simpatizar con ideologías. Su función radica en actuar como arbitro entre los poderes del Estado, y es aquí donde se justifica su inviolabilidad. En su intachable comportamiento debe residir el germen para la manutención de la monarquía.

Como conclusión, la sociedad española aún no está preparada para constituirse en República; pero son los políticos los menos preparados para asumir este cometido responsablemente; en especial ciertos sectores de la izquierda que evocarían la llegada de la III República Española en aquella II República que nunca llegó a ser un sistema democrático, y cuya radicalización fue la principal causa de su caída.

No obstante, los actos de la Monarquía no hacen más que justificar los argumentos republicanos; el futuro de la institución es incierta y puede que la III República esté más cerca de lo que muchos imaginan.  

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Es la República el camino? (II)


El Pacto de San Sebastián (1930) entre republicanos, socialistas y nacionalistas fue responsable de la caída de la Monarquía tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931; y que los meses posteriores traerían la aprobación de una Constitución marcadamente progresista. No obstante, el estrepitoso fracaso de la Reforma Agraria proyectado por Azaña, contribuyó a dar la victoria a la Confederación Española de Derechas Autónomas.

Es imposible negar que amplios sectores de la izquierda, sobre todo sindicatos como la Confederación Nacional del Trabajo y la Unión General de Trabajadores, pusieron la zancadilla desde el primer momento a la derecha, siendo guiados por los planteamientos de Bakunin y Karl Marx. Como prueba de ello podemos nombrar la revolución asturiana de octubre de 1934 y la proclamación del Estado catalán por parte de Companys. Por tanto, sería un error proclamar la III República inspirándonos en la segunda, ya que su desarrollo no fue para nada democrático ni políticamente estable.

Centrándonos en la segunda corriente republicana, los argumentos que se manejan son un tanto distintos con respecto a la primera; y es que no nacen de un sentimiento revanchista, sino de argumentos lógicos, como puede ser la conciencia de que la institución monárquica es anacrónica, supone un gran gasto público y está condenada a desaparecer. No obstante, y a pesar de que yo no encuentro mucha diferencia entre mantener con dinero público a un político (el Presidente de la República) y al Rey; valoro sobremanera esta corriente, que no nace como herramienta de crispación entre compatriotas, sino que nace para mejorar la calidad institucional de la democracia, sin negar el papel fundamental que jugó en su implantación Juan Carlos I.

Por otra parte, algo destacable de esta tendencia es que integra todos los planteamientos políticos, incluida la derecha, es decir, se puede ser de derechas y republicano.

La conclusión a la que llego es que la sociedad y vida política españolas no son lo suficientemente maduras como para asimilar este gran cambio con responsabilidad; es decir, el mal no está en la República sino en su mala utilización. Por tanto, ¿seremos verdaderamente capaces algún día de superar el fracaso de la II República, la Guerra Civil y la Dictadura franquista? ¿puede ser viable en un futuro la proclamación de la III República Española sin estar condicionada y utilizada para distorsionar nuestra Historia?


jueves, 1 de marzo de 2012

¿Es la República el camino? (I)


El tema de la República no trae en España muy bueno recuerdos y actualmente es motivo de división entre españoles, acentuado y manipulado por ciertos grupos políticos con intereses partidistas.

El ambiente es propicio para pensar en el asunto: los excesos de una clase política en la que el pueblo no confía; una crisis económica que empobrece a una mayoritaria clase media y una democracia que parece deteriorarse por momentos. Esta combinación de incidencias hacen que gran parte de la población se pregunte y cuestione sobre algunos de los pilares que fundamentan nuestra actual democracia, cuya expresión máxima es la Constitución de 1978; pero sobre todo se cuestionan la necesidad de la figura monárquica. Por otra parte, son muchos los que defienden que la República no solucionaría los grandes problemas de España, principalmente la tasa de paro y la corrupción; y que tampoco mejoraría las instituciones democráticas.

He intentado abordar este debate desde la imparcialidad, el conocimiento y el espíritu crítico; únicas vías para el análisis productivo y el crecimiento de la actividad intelectual del individuo. La reivindicación republicana actual nace, entre otras causas, de la búsqueda de soluciones, de rebelarse contra un sistema que no da esperanzas, un sistema cuya máxima figura es un monarca no elegido y de carácter vitalicio. No obstante, ¿ayudaría una República a la regeneración del sistema?

En el republicanismo pueden diferenciarse claramente dos corrientes: la primera, enarbolada principalmente por la izquierda; parte desde una actitud revanchista, evocando aquellos años treinta en los que supuestamente España era una auténtica democracia, muy adelantada para su época y que fue brutalmente vulnerada por una derecha tradicionalista y católica. La segunda corriente no parte desde consignas socialistas o comunistas; es más, acoge en su seno a una derecha democrática con visión de futuro y sin estar atada a los sucesos acaecidos hace 76 años, a diferencia de la izquierda.

Vamos a centrarnos en la primera corriente; como expresé en un artículo anterior, España no puede enfrentarse a los retos del futuro y mucho menos salir de la crisis sin unidad nacional ni espíritu de trabajo. Es demasiado complejo como para explicarlo en un sólo texto, pero sabemos que es de actualidad la herencia de la Ley de Memoria Histórica, la apertura de fosas y la investigación por parte del juez Garzón de crímenes franquistas. Si instauramos una República basada en la de 1931, en su carácter "totalmente democrático" y con el deseo de ser justos con aquellos republicanos que murieron en la Guerra Civil; no estaremos siendo objetivos con la Historia, ni mucho menos con los fallecidos de ambos bandos.

¿Por qué sería un error basar la supuesta III República española en la que establecía la Constitución de 1931? Por una sencilla razón, y es que la II República no fue totalmente democrática, en el sentido de que la izquierda no estuvo libre de pecado en la caída de la misma. Se tiene asumido en la conciencia popular que la izquierda en su conjunto fue respetuosa con la República y tuvo que soportar las conspiraciones de una derecha rancia y golpista; todo esto es falso en gran medida.  

martes, 19 de julio de 2011

Han pasado 75 años (1936-2011)


El 18 de julio se cumplieron 75 años del estallido de la Guerra Civil Española, un conflicto que dividió en dos a España y la sumió en uno de sus más negros capítulos.

Este artículo no lo quiero enfocar desde un punto de vista histórico sino desde las conclusiones que en mí despierta. Como en muchos sucesos históricos, existe una manipulación y distorsión con fines ideológicos o políticos. En este sentido recordaré una frase de Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en una verdad”.

Debemos preguntarnos imparcialmente por el motivo de la Guerra Civil. De sobra son conocidas las afirmaciones acerca del carácter poco democrático de Franco o su intención de destruir la República desde sus inicios, pero verdaderamente estas afirmaciones no tienen base sólida. Las cosas no son tan sencillas y es que en España se había puesto en marcha un movimiento revolucionario con perspectivas a una bolchevización. Me baso en actitudes y comportamientos de la izquierda (PSOE, PCE...) fuertemente influenciados desde Moscú.

Cualquiera que niegue que Moscú influyó al gobierno de la República está equivocado y es que socialistas y comunistas, del país que fueran (incluida España), estaban influenciados en mayor o menor medida por la URSS. Esa influencia aumentó con el inicio de la guerra y la búsqueda de aliados por parte de los dos bandos. No pretendo librar de pecado a la derecha pero lo cierto es que el comportamiento de la izquierda tuvo muchísimo que ver con el estallido del conflicto, en contra de lo que actualmente se hace: simplificar el porqué.

Por otra parte, durante la dictadura franquista, los únicos que lucharon abiertamente contra el régimen fueron los comunistas, ni rastro de los socialistas que hoy en día se atribuyen haber combatido a Franco;  pretendiendo ganar la guerra después de que éste lleve 30 años muerto.

No pretendo meterme en el fangoso debate de legitimizar a uno de los bandos, simplemente pienso que debemos mirar hacia el futuro, conociendo nuestro pasado pero sin permitir que éste nos impida avanzar. Por tanto, formulo la pregunta de si es conveniente abrir fosas, retirar nombres a las calles, retirar el cuerpo del dictador del Valle de los Caídos...y un sinfín de acciones. Comprendo que los familiares de los fallecidos necesiten saber dónde están enterrados sus parientes pero ¿es necesario levantar tanta polvareda? ¿detrás de todo ésto se oculta un intento de retroceder a 1936?

Me siento en la obligación de repetir algo que ya he escrito y es que tal vez la instauración de una república no sería dañino para España, lo dañino para España sería la mala utilización de ese sistema. No creo que mi afirmación carezca de sentido, teniendo en cuenta pasadas experiencias.

Como reflexión final,  lo peor a lo que puede llegar un país es un conflicto civil que enfrente a compatriotas simplemente por diferencias políticas, culturales o ideológicas.

martes, 18 de agosto de 2009

Franco y la República


Está siendo de actualidad y ahora más que nunca, las iniciativas republicanas (por parte de socialistas, comunistas...) de instaurar una III República invocando a una auténtica democracia, a aquel legal gobierno que el fascista Franco destruyó y seguidamente impuso una dictadura durante más de 30 años.

No siempre hemos sido bien informados, la II República no tuvo el carácter democrático que hoy en día se le atribuye. La opinión predominante es la de que Franco se rebeló contra una democracia legítima, aunque su carácter democrático es fácilmente discutible. La República se fue degenerando progresivamente desde su instauración en 1931; algunos ejemplos nos lo da la "Ley para la Defensa de la República” en la cual el Estado podía deportar sin juicio previo o cerrar cualquier periódico. No es el único ejemplo de desmocratización de la República, cuya Constitución fue vulnerada en repetidas ocasiones. La entrega en 1936 de armas a los sindicatos por parte de la izquierda y la revolución de 1934, en las que se le hizo una zancadilla a una derecha triunfadora, son algunos de los muchos ejemplos con los que contamos.

Franco era un militar fiel a la República; aunque se le haya atribuido un carácter conspirativo desde 1931, el general fue de los últimos en unirse al alzamiento, siendo el asesinato de José Calvo Sotelo el detonante de su decisión. La demagogia histórica ha ocasionado una difuminación de la trayectoria de Franco, por eso cabe subrayar las ocasiones en las que Franco demostró su fidelidad a la República, como por ejemplo cuando se negó a defender ante un tribunal al golpista Sanjurjo; también cabe destacar su papel en la revolución asturiana de 1934 donde el general luchó por la legalidad republicana. Tampoco tuvo inconvenientes al acatar la llegada del Frente Popular.

También hay una idea generalizada, sobre todo por los frentepopulistas, de la inoperancia política y militar de Franco. Desmontemos esta idea: de su brillantez militar sólo cabe nombrar su victoria sobre la República, ganando una guerra en un principio perdida por la falta de material; superando ese inconveniente con el primer puente aéreo de la Historia; también caben destacar las operaciones en Marruecos, las cuales le valieron numerosos ascensos. En cuanto a su  visión estratégica hay que hacer un desarrollo un poco mayor: la mayor victoria estratégica y política del Régimen franquista fue la “no intervención" en la Segunda Guerra Mundial; en la cual, España tenía todas las papeletas para hundirse aún más.

También se le suele quitar mérito a Franco en la “no intervención”, diciendo que Hitler no tenía el menor interés en la alianza con España cuando la entrada de España en la guerra era de suma importancia. Atravesando la península Ibérica, cosa que Franco no permitió, la toma de Gibraltar hubiera significado el cierre del Mediterráneo a la Royal Navy, que solamente tendría la base de Malta; aislada en la cuenca mediterránea y de captura fácil. También la beligerancia en el conflicto significaba la apertura de otro frente en Europa para Reino Unido, con la consecuencia de una disgregación de su marina para poder llevar a cabo un bloqueo de los puertos españoles; por tanto, era una prioridad para Hitler la beligerancia de España ;demostrado con varias cartas que el líder nazi mandó a Franco y que éste con diplomacia rechazó.

Para quitarse cualquier problema de conciencia, Franco envió a la División Azul, cuya profesionalidad quedó demostrada. Fue un acierto no entrar en la guerra y, de hecho, Winston Churchill lo agradeció al votar "no" a la “intervención militar" en España alegando que el país no había interferido en las acciones de los Aliados. Optando por  un aislamiento internacional se pensaba que el nuevo Gobierno caería a los pocos meses.

También existe el mito de que la represión subyugó especialmente a catalanes, vascos y gallegos. Si eso fuera así ¿por qué se editaron más libros en vasco, catalán o galllego durante el Franquismo que durante la República? ¿por qué se fundaron más periódicos escritos exclusivamente en vasco, catalán o gallego durante el Franquismo que durante la II República?

Se le da también al Régimen la característica de “páramo cultural”, pero en la España de la Guerra Civil hubieron dos tipos de inmigraciones de pensadores y artistas: la primera fueron los que huyeron de un Frente Popular cada vez más extremista, como Gregorio Marañón, Gaset o Ramón Pérez de Ayala, los cuales actualmente son ensalzados como acérrimos republicanos. No fueron simpatizantes de Franco pero tampoco lo fueron de la República, definiéndola como “trágico fracaso” y algunos, como Gasset dijeron que "Tras la victoria de Franco, el horizonte de España se halla despejado”. Otra segunda oleada fueron los que escaparon de la represión, como Rafael Alberti, Bergamín o Luis Buñuel, mucho de los cuales volvieron años después y no precisamente para morir en España, sino para continuar su carrera artística.

Durante la España Franquista se registró el mayor crecimiento económico en la Historia de España; también durante nuestra renta per cápita aumentó considerablemente. De hecho, no hemos alcanzado durante estos años los niveles de crecimiento de los años 50 y 60.

De 50.000 penas de muerte Franco conmutó la mitad. Tenemos que destacar el comportamiento de Franco con los judíos con respecto a los nazis, cierto es que podrían haberse salvado más, pero mejor eso que nada. También durante la etapa franquista aumentó la escolaridad (más mujeres que hombres), en 1960 habían más de 4.000.000 de niños escolarizados, con 100.000 maestros; la enseñanza secundaria incluía a más de 80.000 alumnos en la misma fecha, llegando a alcanzar en 1975 los 325.000 alumnos. También el número de reclusos disminuyó, así como el de presos políticos.

Una República no sería malo, pero la utilización de ella para los intereses propios (el poder, los secesionismos...) por parte de los partidos políticos, seguramente por parte de la izquierda, como ya nos demostraron durante la II República nos llevaría de nuevo a una época de caos.